A thin line between soil and sky
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A thin line between soil and sky

by Antonio Jordán, University of Seville, Sevilla, Spain

First in English:

In the photograph, an Agronomic Engineering student from the University of Seville gently holds a thin, plate-like soil aggregate in her hand. The bright green field stretches behind her, contrasting with the pale, fragile fragment she has lifted from the ground. What seems at first like a simple flake of soil is, in fact, the visible result of recent rainfall and subtle physical processes at the surface.

The aggregate shows a laminar structure formed after several days of intense rain. Raindrop impact dispersed fine particles, which later settled and reorganized at the surface. As the soil dried, these particles bonded together, creating a compact, thin crust — a superficial sealing layer.

Scientifically, soil particles arrange into aggregates depending on texture, organic matter content, and cementing agents such as iron oxides, carbonates, and microbial exudates. When rainfall energy exceeds the soil’s structural stability, aggregates break down. Fine particles clog surface pores, drastically reducing infiltration and gas exchange. This process increases runoff and, especially on sloping land, enhances the risk of water erosion.

Surface sealing is therefore not only a structural change but a functional one. It alters hydrological behavior, limits aeration, restricts seedling emergence, and can reduce crop productivity. In agricultural soils, corrective practices — such as maintaining residue cover, improving organic matter content, or reducing compaction — are essential to restore structure and function.

Ahora, en español:

En la fotografía, una estudiante de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Sevilla sostiene con cuidado un agregado laminar de suelo. Al fondo, el verde intenso del cultivo contrasta con el fragmento claro y frágil que ha levantado del terreno. Lo que parece una simple lámina es en realidad el resultado visible de varios días de lluvia intensa y de procesos físicos muy precisos en la superficie del suelo.

El agregado muestra una estructura laminar formada tras el impacto repetido de las gotas de lluvia. La energía de las gotas dispersó las partículas finas, que posteriormente se redistribuyeron y reorganizaron en la superficie. Al secarse el suelo, esas partículas quedaron unidas, formando una costra compacta: una capa de sellado superficial.

Desde el punto de vista científico, las partículas del suelo se organizan en agregados según la textura, el contenido de materia orgánica y la presencia de agentes cementantes como óxidos de hierro, carbonatos o compuestos producidos por microorganismos. Cuando la energía de la lluvia supera la estabilidad estructural del suelo, los agregados se desintegran. Las partículas finas colmatan los poros superficiales, reduciendo drásticamente la infiltración y el intercambio gaseoso. El resultado es un aumento de la escorrentía y, si existe pendiente, un mayor riesgo de erosión hídrica.

El sellado superficial no es solo un cambio estructural: es un cambio funcional. Modifica el comportamiento hidrológico del suelo, limita la aireación, dificulta la emergencia de plántulas y puede disminuir la productividad agrícola. Por ello, en suelos cultivados es necesario aplicar prácticas correctoras como el mantenimiento de cubiertas vegetales, el aumento del contenido de materia orgánica o la reducción de la compactación.