The last tree standing
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The last tree standing

by Antonio Jordán, University of Seville, Sevilla, Spain

First in English:

The photograph shows the trunk of a young pine tree standing as a witness after a wildfire in the province of Huelva, southern Spain. The dead tree still preserves part of its main branches, while the finest twigs have been consumed by the flames—an indicator of fire severity. At the very top, several cones remain attached, suspended against a pale sky.

The surrounding landscape appears stark and exposed. The soil lies bare, scattered with fire-affected rock fragments and covered by a thin layer of dark ash. Vegetation has largely disappeared, leaving behind a mosaic of charred debris and mineral substrate. The pine trunk becomes a vertical marker in a horizontal expanse of desolation, a reminder of ecological processes that unfold over decades.

Wildfire is a natural ecological driver in Mediterranean environments. It shapes vegetation dynamics, soil properties, and nutrient cycles. Fire alters soil structure, reduces organic matter at the surface, and may induce hydrophobicity, temporarily decreasing infiltration and increasing erosion risk. Ash deposition can raise soil pH and supply readily available nutrients such as calcium, potassium, and phosphorus. However, the long-term trajectory of recovery depends on fire intensity, recurrence interval, slope, post-fire rainfall, and land management. Under climate change scenarios, the increasing frequency of extreme fire events challenges traditional resilience patterns, making preventive landscape management essential for coexistence with fire.

Ahora, en español:

La fotografía muestra el tronco de un pino joven erguido como testigo tras el paso de un incendio forestal en la provincia de Huelva, en el sur de España. El árbol muerto conserva parte de sus ramas principales, mientras que las más finas han sido consumidas por las llamas, lo que indica la severidad del fuego. En la parte más alta permanecen algunas piñas, suspendidas contra un cielo pálido.

El paisaje circundante es austero y expuesto. El suelo aparece desnudo, salpicado de fragmentos de roca afectados por el calor y cubierto por una fina capa de cenizas oscuras. La vegetación ha desaparecido casi por completo, dejando un mosaico de restos carbonizados y sustrato mineral. El tronco del pino se convierte en una marca vertical en una extensión horizontal de desolación, recordando que los procesos ecológicos operan a escala de décadas.

El fuego es un agente ecológico natural en los ecosistemas mediterráneos. Moldea la dinámica de la vegetación, las propiedades del suelo y los ciclos de nutrientes. El incendio modifica la estructura del suelo, reduce la materia orgánica superficial y puede inducir hidrofobicidad, disminuyendo temporalmente la infiltración y aumentando el riesgo de erosión. La deposición de cenizas puede elevar el pH y aportar nutrientes disponibles como calcio, potasio y fósforo. Sin embargo, la trayectoria de recuperación depende de la intensidad del fuego, su frecuencia, la pendiente, las lluvias posteriores y la gestión del territorio. En el contexto del cambio climático, el aumento de incendios extremos desafía los patrones tradicionales de resiliencia, haciendo imprescindible una gestión preventiva que permita convivir con el fuego.